Un conte de Douglas Glover

Swain Corliss, héroe de Malcolm's Mills (actual Oakland, Ontario), 6
de noviembre de 1814

 

Por la mañana, los hombres se frotaron los ojos y vieron
caballería de Kentucky e indios montados en caballos de granja robados
coronando la colina al otro lado del valle. Los de Kentucky parecían
cansados y tranquilos, sus ojos hundidos con precisión analítica.
Éramos otro problema a solucionar; venían arreglándolos todos desde
Fort Detroit, principalmente mediante asesinatos, mutilaciones e
incendios, los métodos más comunes.

    Los indios eran cherokees y kickapoos, con algún muncy de por
medio. Llevaban escarapelas de plumas de águila, el pelo largo
cubriéndoles el perfil y pintura en la cara, confiriéndoles un toque
femenino con esa luz; algunos llevaban melenas colgando del cinturón.

    Vinieron a la colina en una columna, silenciosa como la fuente
fluyendo de entre los montes, y se pararon a mascar tabaco o fumar
pipas de arcilla mientras nos analizaban. Más kentuckianos que venían
a extender la línea a ambos lados del camino y hacia el bosque
desmontaban, y encendían fogatas para cocinar o se adormecían bajo las
panzas de sus caballos con las riendas atadas a la muñeca.

    El general McArthur cabalgó con sus oficiales, todos de azul,
botones de latón y sucios rostros pálidos. Espoleó a su yegua hacia
delante, donde respingó, hizo cabriolas y estuvo a punto de
precipitarse por la empinada pendiente. Hizo una señal, y los indios
desmontaron y empezaron a andar por la carretera para rodear a
nuestros exploradores. Los indios tenían un aire de estar aguardando
su ochentaypico batalla. Se arrastraban precipitadamente por la sucia
carretera, con los mosquetes en los brazos, como aburridos por los
acontecimientos, como si poseyeran una delimitación precisa de la zona
de riesgo que dejaba entrever una amplia familiaridad con la muerte y
el morir.

    Los hombres que podían contar contaban.

    Alguien dijo: "Oh, Dios mío, si hay uno, hay un millar."

    Debo añadir que éramos unos cuatrocientos: la 1ª y 2º milicia de
Norfolk, algunos oxfords y lincolns, seis instructores de la 41 de
infantería y algunos granjeros locales que habían llegado el día antes
para la empresa.

    El Coronel Bostwick (los hombres le llamaban Jack el Sonrisas) se
levantó por encima de la colina tras nuestra línea, observando al
enemigo a través del valle con un catalejo y su abrigo rojo
arremolinándose en los muslos. Generalmente estaba de pie solo. Fue
alcanzado en la pierna por un disparo en Frenchman's Creek y en la
cara en Nanticoke, mientras se adentraba en Dunham y tropezó
accidentalmente con la banda de Sutherland y Onstone. La herida de su
cara le hacía aparentar una sonrisa perpetua, lo que era repulsivo y
enervaba a sus tropas en combate.

    Injun George, un viejo chippeway que se alojaba en una cabaña
sobre Troyer's Flats, fue el primero en aparecer desde el riachuelo.
Dijo que había visto en el agua a una serpiente negra, lo que
significaba mala suerte. Dijo que el kickapoo desapareció en cuanto le
disparó, lo que quería decir que habían aprendido el truco de
desaparecer y tenían buenas medicinas. Él mismo había intentado,
durante años y con poco éxito, desaparecer. Más adelante, disparó a
una bruja en el tejado del molino, de la que dijo que probablemente
era uno de los kickapoos.

    Una tropa de kentuckianos bajó por la colina con bolsas de
munición y rifles largos Pennsylvania y empezaron a disparar hacia la
compañía de McCall, escondida tras una barricada de troncos de olmo
levantada en la carretera. No podíamos responder demasiado por falta
de pólvora, por lo que los kentuckianos se descubrieron en la orilla
del riachuelo, fumando sus pipas blancas de arcilla y disparándonos.
Otros tan sólo miraban, o meaban en la colina, o lavaban sus camisas y
las tendían, como si luchar y matar fuera un simple murmullo doméstico
más, igual que matar al cerdo o preparar conservas.

    Alguien dijo: "Son exactamente igual que nosotros, salvo por el
hecho que no estamos en Kentucky arrancando pelos, robando caballos e
intentando tomar la plaza".

    Los proyectiles sonaban como auténtica dinamita explotando
perversa contra los troncos.

    Otro intentó lanzar un grito por el rey Jorge, que se perdió, con
muchos hombres dándole vueltas a por qué el rey Jorge había retirado a
sus regulares al otro lado del río Grand y quemado el carguero para
que no pudieran estar aquí cuando el fuego se iniciara.

    Pum, pum volaban las balas. Una lluvia melancólica empezó a caer,
formando en el sendero arroyos enfangados. El humo de las fogatas para
cocinar republicanas se escurrió por el valle y se colgó sobre el
canal del molino.

    El Coronel Bostwick causó algo de consternación al bajar para
estar con sus hombres, corriendo arriba y abajo, justo tras la línea,
con su extraña doble mueca en la cara (su mejilla tatuada con
quemaduras de pólvora incrustadas en la piel) y una antigua alabarda
de oficial a los hombros, dándonos órdenes con un murmullo ronco y
nervioso.

    "Atrás, vosotros los infieles, vosotros los ejércitos de Gog y
Magog, agentes y parientes de Azazel. ¡Golpead, golpead! Oh Señor,
bendice los niños que se baten en vuestro nombre. ¡Recordad, chicos,
que los reyes hebreos no tenían escrúpulos para serrar a sus enemigos
con sierra o clavarlos con clavos de hierro!"

    El Sargento Mayor Collins de la 41 intentó que se agazapara bajo
la valla sinuosa, pero el coronel  se zafó de él diciendo: "Los
hombres deben verme". El sargento recibió en la frente una bala
perdida y se desplomó. La bala rebotó, pero ya estaba muerto; un nudo
negro brotando del entrecejo, como un tercer ojo.

    Un certero tirador con un buen rifle largo holandés Pennsylvania
puede dar a un hombre a trescientas yardas, más del doble de lo que
cualquiera de nuestras armas podían alcanzar, eso sin tener en cuenta
la precisión. Hasta ahora sólo habíamos matado a una bruja, que podía
ser o no de los indios enemigos.

    Edwin Barton dijo: "He soñado con Tamson Mabee toda la noche. La
tiré al granero el agosto pasado, pero mantenía su mano sobre el
conejo y no me dejaba. A penas tenía catorce. Creo que hoy me voy al
infierno".

    Alguien dijo: "¿Alguna vez lo has hecho con una india? Se quedará
quieta y no se revoloteará como una mujer blanca. Prefiero una india a
una blanca, siempre". Y alguien más añadió: "Conozco a un hombre, allí
en Port Rowan, que prefiere cerdos por el mismo motivo".

    Esto era guerra y conversaciones de bar.

    Estábamos tumbados bajo la lluvia, soñando con esposas y amantes,
buscando la amnistía en la cálida pureza del deseo – sí, algunos
masturbándose furtivamente en la lluvia con manos heladas. Al otro
lado del valle, los kentuckianos parecían criaturas del otoño y de la
lluvia, sus ojos anfibios rajados con precisión. Nuestros oficiales,
Salmon y Ryerson, dijeron que manteníamos una buena posición,
cualquiera que fuera el sentido de eso, que el ejército americano en
Niagara ya estaba retirándose a través del río, que teníamos que
prevenir a McArthur de quemar los molinos de Norfolk para que
pudiéramos seguir alimentado a los regulares del rey Jorge.

    Atrapados en ese valle, aguardando la llegada de la maldita
caballería, gritando y chillando alborozada por el riachuelo crecido,
parecía que hubiéramos entrado en algún extraño universo de espacio
curvado e hilos de luz. La lluvia caía a chorros. Algunos de nosotros
ya estábamos muertos, héroes de otras guerras y batallas. Llevábamos
luchando desde el agosto de 1812, cuando bajamos el lago con Brock
para socorrer Amherstburg. En momentos como ese, podíamos prever la
extinción masiva de todas las especies, el mundo convertido en un
desierto de cristal.

    Todo parecía familiar e inevitable. Habíamos ascendido desde la
taberna de Culver el día antes. Habíamos oído disparos en la dirección
de Brant's Ford al atardecer, y nos despertamos para ver caballería de
Kentucky e indios salir de la carretera del bosque y humo levantándose
de graneros incendiados tras ellos. Evidentemente, dada su historia,
los kentuckianos han nacido para el caos y la destrucción. Ahora
disparaban con apasionada precisión (pum, pum volaban las balas),
obligándonos a mantenernos bajo cubierto mientras movían tropas hacia
la llana orilla.

    Cubriéndonos la sesera con nuestros sombreros, maldecíamos la
lluvia y pasábamos el tiempo calculando ángulos de asalto. El lago del
molino, demasiado hondo salvo para nadar, protegía nuestra ala
izquierda. Esto significaba que los chicos de Salmon serían los
primeros en recibir, gracias a Dios. La Sra. Malcolm y su sirviente
negro estaban ocupados sacando troncos y armarios de la casa por si se
producía un incendio. Nadie les prestaba atención. De golpe y porrazo,
oímos gritos y lloros de guerra, en las profundidades del bosque
corriente abajo. El Coronel Bostwick envió a un explorador, que volvió
instantes después para notificar que los indios de McArthur nos habían
flanqueado, reptando a través de un vado cubierto de vegetación.

    Contemplábamos las nubes y veíamos jóvenes sin padre llorando en
el pozo, solitarias viudas durmiendo con sus manos escondidas entre
las piernas, y sombras moviéndose con terribles heridas, sin piernas o
brazos, cerebros escurriéndose por las orejas.

    Alguien dijo: "No puedo aguantar más", levantándose, y fue
alcanzado en el espinazo, girando. Se tiró un pedo y se quedó boca
abajo con las piernas temblando. Se agitaban como una serpiente con la
espalda rota. Los kentuckianos nos estaban tirando una cantidad
increíble de plomo ardiente.

    El coronel sonrió y añadió a gritos algún comentario más sobre
Azazel, luego ordenó a McCall que se quedara en la barricada de olmos
mientras el resto se retiraba. Buenas noticias para nosotros. Podíamos
arreglárnoslas sin los molinos de Norfolk: eran nuestros cuerpos,
nuestros miembros, pulmones, nervios e intestinos, de los que
dependíamos ayer y hoy.

    McCall tenía a Jo Kitchen, un renombrado púgil, tres de los
hermanos Austin, Edwin Barton y algunos más. Les dejamos nuestra
pólvora y municiones, más que suficientes para pocos hombres. En lo
alto del valle, Swain Corliss dio media vuelta, maldiciendo a algunos
de los que habíamos echado a correr. "¡Salvad primero a vuestros
caballos y, si podéis, a vuestras mujeres!" Estaba borracho. Muchos no
paramos hasta llegar a casa, motivo por lo que se conoce a esta
batalla como la de la Carrera a Pie.

    Swain Corliss procedía de una familia de violentos baptistas con
granjas en Boston Creek, a unas tres millas de Malcolm's Mills. Su
hermano Ashur había sido herido trece veces en la guerra y mantenido
su posición en Lundy's Lane, que Swain se había perdido por unas
fiebres. A Swain no le gustaba demasiado que su hermano se le avanzaa
así.

    Tenía un mosquete Brown Bess y una pistola de cañón largo de
infantería que su padre había comprado rota a un oficial. En la cima
de la colina se volvió y empezó a descender entre el alboroto de plomo
y gritos indios. Balas de mosquete revoloteaban alrededor de la
compañía de McCall como abejas, algunas picando. Swain tomó una
posición contra un árbol, cubriendo el flanco, y empezó a devolver
plomo. Edwin Barton, con una bala a través de los muslos, le cargaba.
Los hombres seguían levantándose para huir, y el capitán McCall les
pegaba en los hombros con la hoja de la espada.

    Swain Corliss, enclastando con un mazo de madera una piedra en el
cañón de su arma, seguía diciendo: "Chicos, puede ser dura, pero
seguro que es normal".

    Le picaron las abejas.

    Esa noche, su padre soñaba, y soñó con una abeja que le picaba en
el cuello y lo supo. Swain Corliss se acercaba a Ashur. Mató a un
soldado de Kentucky que venía por el riachuelo en carruaje. Después,
Swain Corliss disparó al caballo. Salía humo del molino. La Sra.
Malcolm corría en círculo, despejando el humo con una sábana. (Pum,
pum, fiu, fiu volaban las bolas). A pesar de que corríamos, estábamos
con ellos. Eran nuestros chicos luchando en el hoyo. El Coronel
Bostwick se sentó en Governor, su caballo de carreras, en lo alto del
camino.

    La compañía cedió la posición, girándose para disparar a cada
pocas yardas. Martin Boughner ató un pañuelo a su baqueta y se rindió
a un indio. Swain Corliss inmovilizó las piernas de Edwin Barton con
su camisa austera. Sordos por los disparos, tenían que gritar.

-Por Dios, Ned. Estoy convencido que no es difícil matarlos cuando
están así a tu alrededor.

-Recuerdo a una puta que conocí en Chappawa.

-Ned, ojalá pararás se sangrar tanto. Creo que te han matado.

-Sí.

    Estaban en otro sitio, una región de luz negra y densidad máxima.
En la carretera, sudando avergonzados en el frío, oímos los mosquetes
diluirse y desaparecer. Vimos a Swain Corliss, pálido, desplomado
sobre un roble entre las quemadas hojas muertas, con la cabeza de
Edwin en el regazo, desarmado si no fuera por su bayoneta, que
mantenía cruzada en el pecho mientras, los guerreros kickapoo salían
uno a uno, tocando reverentemente los hombros de Swain con los cañones
de sus mosquetes.

    Los kentuckianos habían perdido a un hombre, ocho heridos y un
par de caballos tomados en empréstito. Ese día, quemaron el molino y
uno de más abajo, y enviaron patrullas a atrapar rezagados, con éxito,
aunque posteriormente fueron liberados tras hacerles prometer sobre el
Libro Sagrado que no dispararían a otra persona de los Estados Unidos.
Los indios despellejaron y descuartizaron el cuerpo de Edwin Barton:
Ned ya no lo iba a necesitar más.

    Durante la noche, a tres millas de allí, James Corliss soñó que
una abeja venenosa le había picado en el cuello. Saltando de la cama,
le contó a su familia: "Ahí, tu niño pequeño está muerto o algo así".
Después, James Corliss irrumpió en la oscuridad, enganchó una narria a
su caballo, donde colocó un edredón de plumas, cojines y sábanas y
arrancó hacia el escenario de la batalla.
 

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Traduciendo de la URSS

Prólogo a la traducción en lengua castellana del artículo "Sobre Maiakovski" de Alexei Metchenko (Revista de Literatura Rusa, Ediciones Extranjeras de la URSS, Moscú, 1983)

 

            Tras descubrir que, tristemente, no podíamos traducir alguna obra o fragmento de uno de nuestros autores predilectos, llegamos al mundo de la crítica literaria. Y así fue cómo, sin pensarlo dos veces, decidimos homenajear, aunque sea de una forma bastante humilde y forzada, la producción cultural soviética. Escogimos a uno de sus mejores hombres y mujeres, a un símbolo de la energía de la Revolución. Uno de los que vivió esos días que cambiarían, y cambiarán, el curso de la historia. Escogimos, pues, una traducción inglesa de crítica literaria, de las Publicaciones Extranjeras de la URSS, sobre el Poeta de la Revolución.

 

            Trabajar un texto así ha sido retroceder en el tiempo. Revivir el socialismo, su legado. Incluso su retórica. Todo lo que se podía salvar del intento más serio hasta la fecha de subvertir el orden mundial. Sacar del baúl de los recuerdos un mundo que funcionaba, aunque nos repitan mil veces que se acabó. Mientras escribimos estas líneas Venezuela votaba, aunque negativamente, unas reformas constitucionales que restablecían la autopista hacia el progreso que abrió el socialismo. En resumen, que no se acabó. Y aunque lo hubiera hecho, el trato que recibe ese legado, especialmente en Europa, es totalmente despreciable. Es de rigor enfrentarse al pasado, y salvar lo mejor que nos dejó. Maiakovski forma parte, ciertamente, de este grupo: es la energía de la revolución, es la voluntad de cambio. Es quemar el pasado y construir el futuro: son las balas en los museos.

 

            Traducirlo ha tenido los problemas derivados de la traducción diacrónica. Nos encontrábamos ante un texto escrito en 1983, en un mundo que ya no existe y enfrentado a otro que terminó imponiéndose. Con todo, hemos optado por traducir sin actualizar el contexto. Las referencias temporales son las que son, y así lo dejamos. Quien quiera entender el texto, podrá hacerlo sin necesidad de actualizaciones referenciales. Lo que sí hemos hecho han sido pequeños ajustes, que creemos se ajustan a la voluntad de progreso de las ideas del autor del que se habla: así, hemos intentado, en la medida de lo posible, eliminar las diferencias de género, sobretodo aquellas más evidentes. Por ejemplo, optamos por humanidad o el hombre y la mujer para traducir el concepto hombre.

 

            A nivel estilístico, hemos intentado mantener la retórica revolucionaria, sobretodo en lo que a léxico concierne. Eso no nos ha impedido parafrasear ni reestructurar el texto. Para adaptarlo a las convenciones de la lengua castellana, hemos suprimido algunas convenciones extrañas, que pecaban de demasiado coloquiales o de ser totalmente innecesarias, impropias de un texto académico como el que nos ocupa. También hemos unido párrafos, demasiado cortos muchos de elles para los estándares de la lengua de llegada y, en general, creemos que el texto ha ganado muchísimo, no sólo tomando como referente el original, sino también nuestro primer borrador.

 

            En este sentido, optamos por rescribir el texto centrándonos en la lengua de llegada. Así, durante su relectura obviamos el original, y nos centramos única y exclusivamente en una tarea de edición. Para llegar a este nivel, tuvimos que asegurarnos que entendíamos el texto a la perfección. En caso de duda, recurríamos al original. Así, concluimos que, en líneas generales, hemos construido un texto con unos niveles de coherencia y cohesión muy elevados, en donde la transparencia es notable.

 

            En lo que concierne a las dificultades, el original inglés era un poco oscuro en algunos tramos, pero pudimos iluminar esas ideas con un poco de investigación y sentido común. A nivel léxico no presentaba excesivas complicaciones, por lo que nos hemos tomado la licencia de usar gran cantidad de sinónimos en el texto de llegada para rehuir construcciones perifrásticas con auxiliares, evidencia de pobreza lingüística. El cambio más notorio que hemos tenido que imponer a la versión castellana, y tras comprobar en el borrador que era un atentado hacia los intereses de cualquier lector, fue reducir drásticamente el número de referencias directas a Maiakovski. Así, mediante pronombres y elisiones, logramos mantener el sentido del texto y hacerlo mucho más llevadero.

 

            En conclusión, estamos muy satisfechos de la traducción obtenida. Nos liberamos de las cadenas del texto de llegada para mejor transmitirlo. Y, en lo concerniente a progreso social y cambios hacia un lenguaje libre de prejuicios sexistas, abrimos una vía, ciertamente reformista y tímida, hacia un lenguaje más próximo a los ideales que el objeto del texto perseguía.

 

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C’est fini

Vaig prometre'm que no ompliria aquest bloc de merda altra que la regular. És a dir, no escriuria les meves misèries. Tanmateix, cedeixo a la petició del Nenasat i, sense que serveixi de precent, així ho faré.[@more@]



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-Où sont les hommes? reprit enfin le petit prince. On est un peu seul dans le désert . . .

-On est seul aussi chez les hommes, dit le serpent

 

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Random crap – Having work but running away

I'm packing. I don't really feel like doing much, even if I have to. Finally it seems I'll be moving to the Far East. My Spanish colleagues find it exotic. I can't find the exoticism at all in having to move to one of the poorer areas in town. It's not that bad, though. It's the real city. As a kinda writer, I find it romantic somehow. From the hockey players' neighborhoods, the beauty of the Don Valley and the Glendon Forest and all… to besides the railways, with people high on whatsoever shouting on the streets, walking lonely in the many alleys… When I first went there, a couple of days ago, I felt so damn good. That's a city, how much I missed that! I couldn't stop telling myself. After agreeing on the terms of the move-in and all, I went to the subway… only ten fucking minutes away!!!! 10 fucking minutes and I was in the subway!! All of sudden I came to be in the middle of the Greektown. One of that places in town that are supposed to be worth a visit, but that I could never locate. I gotta admit I haven't tried that hard, though. But how much did I love that! There was some kind of Mediterraean air flowing around, full of restaurants and what looked like cool places… at the end, I guess it was all about light. And the subway, too. Definitely, Even if I'm already well aware anything like social life is gonna take place in there, or around, I kinda got the second prize. The one for loosers. There was a library, a starbucks and a subway. Enough to survive in 6-million people metro area without hardly knowing anyone.Just passing by, not leaving a single footprint, but those in the new snow. Again, I'm not that alone. All of our footprints are alike in there. It's all about minutes, hours or days, but time in the end, to vanish. Having said so, I'll definitely miss bright white all around. It's all about winter. Not the fake back home.[@more@]

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Serà un dia que durarà anys

Oliveres i, de sobte, un palestí agenollat. Ulls embenats i tres joves soldats custodiant-lo. Una torre de vigilància al costat. Gris, com el mur. Gris, com l’ocupació. Seguim fent via cap a Hebron. Un dels hotspots del conflicte. La ciutat vella, morta. Assassinada per un drama que fa seixanta anys que dura. Assassinada per una crisi econòmica que sembla sense aturador. Assassinada per uns fanàtics religiosos que tenen segrestat Israel. I, amb ell, la pau. On abans hi vivien trenta mil persones tan sols en queden unes mil. On abans hi havia un dels mercats més importants de Palestina només queden quatre botigues. Buides i plenes de pols. Com els carrers.

 

Les reixes que els cobreixen s’omplen de pedres i altres deixalles abocades pels colons. La poca vida que hi ha es veu alterada per la irrupció, grotesca certament, d’un jeep del Tsahal. Només se senten crits i vexacions. Tensió. Seguim endavant, això és Palestina. Les narius ja perceben el gas. Aquell gas fet a partir de vés-a-saber-què al que, també, ja hi estem acostumats. És sinònim de la pluja d’artefactes de pam que el porten, una autèntica tempesta. Sovint acompanyada de bales de sal. Caigudes i crits. Granades de so, grosses com punys. Tapa’t la boca, no corris, no respiris fort. Vigila no caiguis. Resa perquè res no ho faci damunt teu.

 

Arribem a Tel Rumeida. Hem creuat una autèntica frontera. La violència és una constant. Aquí és on una jove sueca va ser apallissada brutalment el segon dia que duia a la ciutat. Acompanyava nens palestins a l’escola, situada a escassos cinquanta metres de l’edifici principal de l’assentament. Els no-jueus no estem autoritzats a caminar pel carrer, i ens hem de desviar per la muntanya de davant. Fem via cap a l’escola, i un soldat ens demana, a crits, que on anem. La conversa transcorre en un hebreu fluït, d’on dedueix que som israelians o jueus; ens aconsella no endinsar-nos-hi, “allà només hi ha àrabs” i baixar al carrer. Li diem que no ho som, i el to ja canvia. Amb tot, li hem caigut simpàtics: avancem fins on ens pot veure. Aquest és el tracte.

 

Ja està tot vist, i decidim anar a dinar. Quan ens disposem a creuar el checkpoint, l’acaben de tancar. Els peacekeepers escandinaus es repleguen a un carrer adjacent. Arriben reforços. Comença una pluja de pedres. Se senten trets i, en qüestió de segons, el gas ho envaeix tot. Un grup d’ortodoxos corre a amagar-se al seu fortí. Un nen palestí s’ho mira. Decidim ocupar un edifici buit, des d’on controlem l’accés a ambdues bandes de la ciutat. Des del terrat de davant, dos soldats apunten i informen de les posicions dels participants de la ràtzia sobtada. No estem autoritzats a fer-los-hi fotos. Tanmateix, són de la meva edat. Ens mirem, i sabem perfectament el rol de cadascú. El pacte és tàcit.

[@more@]

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Em tenen fins els ous amb ETA

Que un Guàrdia Civil mori és un fet lamentable. Però per a les seves famílies i prou: no siguem hipòcrites, perquè els polítics van a fer-se la foto i a treure rèdit de la mort del noi aquest. Són uns carronyers, a la nit es tiraran la parella o la puteta de torn i tan tranquils. Dit això, no deixa de ser un accident laboral. Quan entres a un cos policial, ja saps a què vas. Conclusió, accident laboral. I et fots, per emprenyar on ningú no et demana. Mentrestant, Espanya segueix amb la cacera de bruixes contra l'esquerra abertzale. Uns són els terroristes i els altres els herois, diuen.

Llegeixo al País, en una editorial tan lamentable i manipuladora com la mateixa mani de dissabte passat (sí, ho penso i no me n'amago: tots els nacionalistes corrent amb la puta bandereta per tapar les seves misèries i vergonyes), que la critiquen per no recordar al disortat Guàrdia Civil. Oi que quan un obrer cau d'una obra no s'exigeixen tantes formalitats? Doncs a callar. També m'espanto en llegir el to i la seva hipocresia. El País i els sociates, els qui sempre multipliquen fins a l'infinit qualsevol mobilització, i en aquesta redueixen les xifres de la policia a la meitat! I encara tenen la barra d'anar donant lliçons de transparència i seny. Precisament per això no puc amb Espanya. Perquè quan surten les misèries de tothom, les seves espanten. Com a mínim, a casa sabem què fer-ne, de la merda: rentar-la. Ells no, i es dediquen a escampar-la. O a enarborar fantasmes, com els nacionalismes o el terrorisme.

Cardem el camp d'aquí com abans millor. Espanya ni ens convé ni ens escolta. I retroalimenta els enemics que ja tenim a casa. Menys plorar, menys subvenció, menys cantarella: visca la Catalunya proletària.

[@more@]

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Vam perdre

Llegeixo que l'oligarquia valenciana acabarà edificant sobre els cosos de vint-i-sis mil persones que van morir, víctimes del franquisme. Víctimes de l'odi. Víctimes del terror, Víctimes d'aquells que els hi van robar els somnis. La notícia em sorprèn – bé, si sorpresa fos la paraula – mentre em documento per a un treball sobre la dona durant la Guerra Civil. En una altra de les pestanyes del firefox se succeixen els cartells. Fa 70 anys de tot allò, i encara paguem les conseqüències de tancar en fals aquells anys, els de revolta i els de terror.

Estem parlant de vint-i-sis mil persones. Vint-i-sis mil històries. Vint-i-sis mil testimonis.  Que encara avui parlen, atesten la barbàrie. I a qui el ciment sepultarà per sempre, en una tomba, ara sí, segellada. Damunt seu, els fills dels seus botxins s'enriquiran a costa d'un país que ja no ho és. Turistes i burgesets de pa sucat amb oli prostituïran per sempre l'indret. Els hi recordaran que van perdre. Els hi recordaran, construint damunt seu, com en un mite grec, el monument a tot allò contra el que van lluitar. Recordant-los-hi que ho van perdre tot. Sense manies.

Cap democràcia no hagués permès un atemptat contra la memòria històrica de tal magnitud. Només les que són hereves dels vencedors. La coalició de neofranquistes i vividors que prefereixen oblidar els anys en què Espanya va ser lliure. Tan lliure que va intentar abolir les mateixes cadenes de les que avui s'alimenten sense cap mena de pudor. Tan lliure en què això, d'Espanya, va deixar d'existir. Però ens van guanyar. I d'ençà que no s'han mogut.

[@more@]

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Un post d’allò més random

No tinc ni ganes d'escriure, ni sé perquè ho faig. Hauria d'estar fent feina, però porto un parell de dies d'allò més improductius. Ja ho té, que un dia et lleves i fas la feina de tot un any i després acabes fent el dropo durant una setmana, o més. Ahir tempesta de neu, mentre acabava una traducció. Va tenir la seva gràcia, arribar a la caf i que comencés a nevar. Jo amb el meu cafè que m'acabava de comprar, només perquè estava d'oferta. Coses del Walmart, que arribes i ho trobes tot tan barat en comparació amb el Dominion, que el que havia de ser la darrera compra abans de tornar a casa, i no depassant dels 20$ va acabar anant-se'n a gairebé 50. Entre pots de pringles i altres vicis que no m'he permès en tot l'any però que el puto Walmart em va fer tirar al carro, hi havia el puto pot de cafè de kilo. La mateixa marca que el esmorzàvem a NY, amb aquelles ressaques més productes de dormir tres hores que de beure com les rates que solíem ser als ppcc. Però Toronto no és NY, com a mínim no ho és la meva cuina comunitària de la G-House i, evidentment, la cafetera de què gaudíem a Staten Island no hi era per enlloc. Conclusió, que per no voler comprar Nesquik, només per gastar els 5 litres de llet que havia comprat divendres tornant d'una festa, i per pur avorriment, mentre venia el bus, bus que vaig perdre per comprar la puta llet, que va resultar menys d'un dòlar més cara que la de dos litres que és la que volia comprar, al Mac's, la cadena de conveniences amb un bonic mussolet. I com m'agrada deixar anar merda sense solta ni volta només per la sake of it. Ça va vraiment.  I bé, que com que sóc imbècil no vaig ser incapaç de diferenciar el cafè mòlt del cafè en pols, i així com un imbècil, que suposo que ho dec ser bastant, em vaig trobar tirant ens grumolls negres infames dintre el bidonet del puto sindicat d'estudiants local, que fa del reformisme marxistes ortodoxos. Finally, mig pot de líquid negre agrumollat i mig pot de llet, blanca com la lefa. Bé, no, blanca com unes ralletes de coca (sniiiiiiiiff!!) ben bona, que la lefa té un altre color. Cada glop un suplici, fins que cap a la meitat la merda s'havia sedimentat al cul (que és el lloc natural de la merda, bé, abans de perdre's per les clavegueres dels laberints urbans, amb cocodrils, rates o mòbils que s'escolen entre els barrots, tals els d'una presó, superior de les clavegueres. I bé, que per parlar d'això ja farem una roda de premsa amb les tortugues ninjes i el mestre astericó, que són els entesos de la matèria.

 

Tornem a la neu, dues hores de traducció anticapitalista i ja dos pams de neu. Molt bonic, ha vingut el nadal. I una merda, creuar el quad enmig de la tempesta va ser una putada i de les grosses. Se'm va passar pel cap, fins i tot, de quedar-me a fer més feina. Sí, la puta feina que ara no hauria d'estar fent si ahir m'hagués il·luminat i estalviat la tempesta. Tempesta que, diuen, ha saturat el 416, però que m'ha permès veure una mena de camionets tirasal, força curiosos i, sobretot, jugar-me la vida corrent per la neu amb unes asics verdes ultralleugeres i que, per dur allò, millor hagués anat descalç i no creure'm que superman pot fer amb la neu el mateix que jesús al kinneret. Bé, superman primer volaria, i segon, amb els seus súpermegapoders ultracòsmics convertiria tota la neu en coke, coke de la bona i no aquella que prens al KFC, o PFK pels quebequesos, a granel, com si fossis el Homer i la merda negra fos petroli del Prestige esdevingut birra. A lo grande, que estem a Amèrica.

 

El pitjor de tot és que em crec que aquest text és de lo milloret que he escrit en els darrers temps. Si ho hagués escrit un altre, li diria de modernete gafapastós en amunt, no sense abans enrecordar-me de sa mare i el seu quoficient mental. Però com que és meu, és súper bo i segur que té coses super interessants, aquest estil tan enrevassat mega-xupi-guai, del Paraguai eh, com el text que traduïa ahir, i és que encara no acabo de tenir clar quin dels dos guais és el de sobre, però bé.

 

Realment s'ha de ser imbècil per escriure això amb tanta pretensió. I encara més per a llegir-ho. Però anyways, you're a champ, dude. I mean it. I ara corre, passa pel check-out i compra'm el llibre, que d'alguna cosa hauré de menjar, encara que sigui de la teva incompetència. 

[@more@]

1 comentari

Juanca, calla’t

Ets l'hereu del franquisme. Estàs allà, on altres ho estaven per voluntat divina – amèn -, perquè un dictador genocida t'hi va enxufar. Ets el Cap d'Estat d'una república bananera de la que millor ni en parlem. A més, dirigeixes un exèrcit, tu solet. I no un qualsevol, eh, sinó un de profundes tradicions colpistes, el darrer d'Europa. Com tens, encara, la barra i la indignitat de fer callar a una de les grans esperances del continent que porteu segles saquejant?

Sí, sí. On abans hi havien Pizarros i Cortés, missioners violadors i cràpules diversos, esclavistes i virreis, ara hi tens Repsol, Endesa i la Telefònica. Els mateixos que no van dubtar ni un moment a donar suport, amb el govern del país del que n'ets cap, a un cop d'estat contra el poble de Veneçuela. Potser no ho sabies. Llavors ets un inútil. Ras i curt.

En Chávez podrà ser mil coses. Però el que no se li pot negar és que té un poble darrera. Un poble que ha patit per culpa del què representeu gent com tu. Un poble que mai no has conegut des dels teus palaus i les teves missioms humanitàries teledirigides. Però l'infern existeix, a la Terra, i segurament més a prop del que et penses. Però als que hi viuen no et cal ni fer-los callar perquè, senzillament, ningú no els hi dóna veu. M'agradaria veure't en un barri obrer de Caracas. O en un poble bombardejat de l'Afganistan. A veure si et dura la prepotència o t'ha baixat de cop als calçotets.

[@more@]

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